martes, 25 de diciembre de 2012

LIBRO BLANCO DE MI VIDA


CAPITULO II  PRIMEROS DIBUJOS DE ADOLESCENTE (sin editar)...
En mi adolescencia no lleve ningún taller de arte vacacional, todo se limitaba a la escuela. Allí cumplía sólo con los deberes escolares, yo tenía las ganas necesarias cuando se trataba de dibujar o reproducir imágenes, ello me encantaba. Los trabajos eran más exigentes en la secundaria y los cursos de historia eran mis favoritos, pues se tenía que dibujar mucho y evitaba las láminas. Los estudiantes tenían más exigencia cuando se trataba de dibujar o las reproducir las tareas, se hacía con hojas del casi desaparecido papel carbón. Hoy no es así. Todo es fotocopiado, o impreso por la computadora, más soso, enfrascados en el facilismo de la tecnología de nuestra era.
Había un profesor de religión muy peculiar, un sacerdote de rasgos morenos, que tenía un carácter fuerte para con todos. A veces estaba de buen ánimo y otras no. No era la imagen favorable para un sacerdote representante del amor y no cayó bien del todo.
-¡Adefesios que están haciendo! ¡Lárguense sonsonazos! -. Nos gritaba con su exacerbado carácter.
Nos enseñaba el catecismo y recuerdo que en una clase propuso que alguien dibujara un homenaje al Pontífice de la iglesia.Hacía un año que Juan Pablo II había sufrido un ataque del turco Ali Agca. Sin embargo, todavía veo en mi mente, la imagen realizada a goaché del Papa apoyado en la cruz, cuando vino el ´82 a Lima, en ese histórico peregrinaje por Latinoamérica. “El Papa también es peruano”, esa frase inmortal  emocionó a muchos y a mí también por lo cual en el colegio ordenaron como tarea, el  tratar el tema  de la visita del Vicario de Cristo. Aun me veo pintando con mucha concentración el rostro afable del Papa. Ese dibujo quedo como recuerdo en la oficina de la dirección general del plantel.
Mi profesora de Literatura la recuerdo dulcemente por tener una estupenda figura. Yo era ejemplar en cada una de sus clases. La atendía de buena gana cuando se desenvolvía libremente entre nosotros. Todos éramos varones y había mucho interés cuando un profesor nos enseñaba y más si era fémina.
No fui a la fiesta de promoción por un motivo simple: era extremadamente tímido con las chicas. Transpiraba demasiado la palma de mis manos. Era insoportable. No sabía bailar. Me arrepentí toda mi vida por no haber ido a ese momento inolvidable y haber preferido estar aburrido en casa. Era la falta de costumbre de no haber frecuentado fiestas o cumpleaños en mi barrio o en mi familia. Apenas había ido a fiestas infantiles, solo a comer golosinas y reventar las piñatas. Eso encantaba  a cualquier niño, pero ya no era niño. Tenía diecisiete años. Y estaba por estudiar los estudios superiores, ni bien terminase la escuela. Apenas tenía dos amigos de barrio en Lima. Pero todos mis amigos vivían en el Callao. Yo  frecuentaba mucho Bellavista y sus urbanizaciones llenas de verdor. Por los barrios de San José nos gustaba pasear. Las calles antiguas del Callao viejo eran como una aventura para nosotros hasta llegar a la fortaleza del imponente Real Felipe, era impresionante y aún lo es. A veces no llegábamos a clases por salir a pasear por las cercanías de las playas de La Punta y Chucuito. A cualquiera le atraía la presencia del infatigable mar frente al principal primer puerto de Latinoamérica con sus embarcaciones pequeñas, lanchas, buques , cargueros y tantos otros, situados frente a la gran plaza Grau y su Museo emblemático, en la entrábamos asiduamente  en cada escape escolar.
Sinceramente, al término de la secundaria y del verano siguiente extrañe mucho a mis compañeros. Claro que al principio, quería que todo terminara. Que el colegio terminara de una vez por todas. Las payasadas y bromas de los compañeros era lo que más extrañaba.
-¡Qué estudiarás luego que acabes el colegio! –.Me preguntaba mi querida Madre.
 -No lo sé-. Y en realidad no lo sabía.
En mi mente estaba claro pasar por la Universidad Católica y llevar  la carrera de Teología. Sí, soñaba con dedicarme a ser un mensajero del evangelio y  estar en las filas católicas. Ver que me ocurriría al término de todo y quizá con un futuro  prometedor en el Vaticano.  Ahora no pienso lo mismo, pues ya la iglesia y sus fundamentos, entraron en una fase de declive con tanta inmoralidad que existe en sus filas internas del catolicismo.
También paso la idea firme de meterme en la Literatura y pasar por la Universidad San Marcos. Admiraba por entonces, Eduardo Eslava y Javier Arévalo, jóvenes que ya habían incursionado en la literatura peruana. Qué otro referente podía haber yo conocido en mi vida, cuando aún no frecuentaba las actividades culturales  y artísticas. No tenía amigos, ni siquiera conocidos, que pudieran llevarme a los recitales y estar en los desórdenes de la noche bohemia entre los poetas que ahora dominan el panorama. En este proceso de búsqueda me encontraba solo realmente, de haber sido favorable mi destino hubiera sido seguro otro.  Por último venía a  mi mente la Pintura, sueño indiscutible que me persiguió en mi infancia. Pero que, sin embargo, no estaba determinado estudiar por las dubitaciones que me acarreaba en el alma de cómo viviría de la pintura en tiempos duros con la hiperinflación que el partido Aprista sembró en la economía del país. Cómo estudiar pintura si apenas pueden mantenerme mis padres. ¡Qué hacer, qué estudiar!
 Opté por diseño gráfico y no les significaba mucho gasto a mis queridos padres.
 Qué difícil es para los jóvenes decidirse en el camino que ha de elegir en la vida. Empero, aquel muchacho tímido, que era yo, deseaba la carrera del diseño tan de moda en los 80.
Bueno, mis padres, andaban en sus continuas luchas de pareja, líos interminables y la economía comenzaba a debilitarse en mi hogar. Pues mi padre había perdido  su empleo y le fue más difícil conseguirlo después. Nunca nos faltó que comer. Es más siempre había lo necesario que un hogar promedio pudiera tener, sin embargo,  el poder tener unas zapatillas último modelo, una mochila o ropa más exclusiva, de distinguida marca no era algo común en mi o en mis hermanos. Solo lo necesario. Mis padres puedo afirmar que cumplieron con nosotros y no había tiempo en que ellos pudieran  influir en alguna carrera excepcional que determinara el futuro de sus hijos. Parecía que las cosas marchaban en casa, pero también se avizoraba el fantasma del divorcio. Las continuas discusiones en casa se acentuaban, cuando mi padre, no tenía muchos contratos que pudieran asegurarnos una vida más holgada. Me refiero que una situación común de hogar acomodado sería entregarle las llaves de un auto recién comprado a su hijo y decirle: Llévatelo te lo mereces por haber ingresado a la universidad… No, eso no era mi realidad, no estaba en una academia de preparación que pudiera acrecentar mi talento  por el dibujo. Ojalá lo hubiera tenido. Me faltaba un apoyo familiar y financiero que me ayudará en mi superación. No teníamos mis hermanos y yo, un tío lejano  y adinerado,  que nos diera soberbias propinas que pudiéramos guardar  para matricularnos en una carrera técnica. Yo estaba en la obligación de vérmelas por si solo y mis hermanos cada quién  ver por su lado. En fin, tenía que decidir rápido. Escoger una carrera profesional electiva, que determinara mi futuro inmediato. No quería, verme un año improductivo, sin comprarme ropa o lo más elemental para salir y enfrentarme al mundo.
Por los años´80 un amigo de mi padre que frecuentaba mi casa, noto en mí que sabía dibujar. Le dijo a mi padre: -Tu hijo sabe dibujar. Yo trabajo en una agencia. Me lo llevo para hacerle una prueba para que empiece a practicar y listo ya estaría trabajando. Mi padre accedió.
Llegado el día, entre por primera vez a una agencia de publicidad. Efectivamente me probaron realizando caligrafías y borradores a tinta china, cosa que yo no estaba preparado. Ni había practicado tal herramienta de creación. Quizá aquel amigo familiar avizoraba algo prometedor en mi vida.
- Su pulso esta duro.- expreso el gerente de la empresa cuando me probó días después mediante caligrafías que se hacen para los logotipos. Cuando escuché el término “duro” supe que mi suerte estaba echada, pues debía prepararme y empezar  a estudiar dibujo.

Continuará...
Joseph De Utia

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